/La Trastienda : noviembre 2011 La Trastienda : noviembre 2011
Steve Jobs, 1955 - 2011

" Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición."

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La Coraje -Terapia "Una técnica personal y eficaz para dejar de fumar"

Este es un texto bien argumentado de mi amigo el Dr. Santiago González Gil. Habla del coraje, de las fuerzas ejemplares que poseemos todos, del apretar de dientes; y de percibir, a la vez, que lo que me proponga lo voy a conseguir.

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La Coraje-Terapia está orientada a erradicar el hábito del tabaco; es un documento escrito hace tiempo y con unos fundamentos de visionario. ¿Quién, hoy día, no necesita coraje para sobrevivir?. Aunque esté dedicado al insalubre mundo del tabaco lo puedes extrapolar al mundo que tu quieras conseguir. A mi me funcionó; y deje de fumar, hasta tal punto, que decidí escribir un libro titulado "YO dejé de Fumar". En este Blog hay una entrada que avanza el contenido del libro. Búscalo en este Blog. Libro "Yo dejé de Fumar"

Suerte con la Coraje-Terapia.

Enrique Román







"CORAJE-TERAPIA"

"Una técnica personal y eficaz

para dejar de fumar"

Dr. Santiago González Gil


SANTIAGO GONZÁLEZ GIL, ESPECIALISTA EN MEDICINA DEL TRABAJO. ESPECIALISTA EN RADIODIAGNÓSTICO. ESPECIALISTA EN PATOLOGÍA PSICOSOMÁTICA POR LA U.C.M. MAGISTER EN PRÁCTICA PSIQUIÁTRICA POR LA U.C.M.



Los fumadores que consiguen dejar el tabaquismo con la ayuda de asistencia profesional son similares en porcentaje a los que utilizan sus propios medios (fuerza de voluntad, motivación personal, autosugestión, poder mental, inteligencia emocional, autoestima). Después de un análisis riguroso de estas técnicas y de largas conversaciones con los ex fumadores -compartiendo su alegría de escapar de la esclavitud al cigarrillo y su satisfacción por sentir la mente más libre con el cuerpo más vital-, pude comprobar que la característica psicológica que era común en todas las técnicas personales y les aportaba la energía mental necesaria y eficaz era el "coraje". 


Para hacer más prácticos los resultados de esta investigación con sus indicaciones terapéuticas y como homenaje a todos los ex fumadores que deseaban transmitir su experiencia, he escrito el libro -"Conversaciones con un cigarrillo. Un amanecer sin humo". Ediciones Libertarias-, con el ánimo y la participación de mis compañeros de ASEPEYO. En sus páginas se refleja de una forma amena y pormenorizada la capacidad de apartarse definitivamente del tabaquismo con la única y valiosa ayuda de uno mismo, abriendo una puerta a la imaginación y al "coraje", sin pretender sustituir la eficacia terapéutica de los derivados nicotínicos (chicles, parches y spray nasal), o el nuevo psicofármaco (bupropión). Si no lo consigue al principio, no se desanime, e inténtelo de nuevo. No dude en pedir ayuda a un profesional si lo necesita.

Vivimos un principio del tan esperado siglo XXI en que la conciencia de la sociedad por los riesgos de la salud está adquiriendo una mayor preocupación y sensibilidad, después de los últimos acontecimientos sobre las alarmas sanitarias en alimentos básicos que tanto miedo y escándalo han creado. La profesión médica ha demostrado, aportando miles de trabajos de investigación, que el fumar es una de las conductas más autodestructivas  conocidas hoy día.  El tabaquismo es el primer factor determinante de enfermedad y pérdida de la vida.

Se están desarrollando unas normas de regulación del tabaco que cumplan la normativa europea de establecer leyes que garanticen un ambiente laboral libre de humo de tabaco, para evitar las enfermedades que provoca tanto en los fumadores, como en los trabajadores que no lo hacen y se convierten en fumadores pasivos al compartir los mismos espacios. El consumo de tabaco es un riesgo inaceptablemente alto para la salud del individuo y de la comunidad, justificando las intervenciones a realizar dentro de la prevención y control del tabaquismo.


Es aconsejable adelantarse en el tiempo a las futuras medidas restrictivas en el medio laboral, para que sea el menor trauma posible a las personas fumadoras, demostrándoles con argumentos sólidos y convincentes que no sólo se desea beneficiarles, sino que serán los primeros en agradecerlo cuando valoren las ventajas y superen los inconvenientes.

Este trabajo está dedicado a las fumadoras y a los fumadores, como si fueran la amiga o el amigo inolvidable que todos hemos tenido en nuestra infancia y que nos ha acompañado en la aventura de nuestra adolescencia. Es la época que nos embaucan para que empecemos a fumar y, con una propaganda de una sutileza inexorable, enlazan el cigarrillo con valores tan preciados por los adolescentes como el ansia de madurez y personalidad propia, el placer, la capacidad de seducción, el éxito sexual, el óptimo rendimiento deportivo, el liderazgo entre grupos, la cordialidad, la sociabilidad, la desinhibición. Todo esto maquiavélicamente diseñado para que caigamos en la trampa tóxica y traicionera de la nicotina, que es una droga legal con un gran poder adictivo, para engancharnos de por vida con el riesgo patológico de enfermedades crónicas y degenerativas. "Las Autoridades Sanitarias advierten que el tabaco perjudica seriamente la salud".


Muchos de los que caímos inocentemente en el engaño del pitillo y los aparentes beneficios del fumar, hemos reaccionado con "coraje" para salir de la cárcel del humo mágico de una forma definitiva, o hemos pedido ayuda a un profesional que nos ha enseñado las puertas de la libertad a la esclavitud del tabaco y de todas las enfermedades que provoca. 


Pero hay todavía muchas fumadoras y fumadores que no se lo han propuesto en serio; o que buscan el momento para hacerlo; o lo han hecho y no han podido; o lo han conseguido, pero han vuelto a caer. Si pierde una batalla contra el tabaco, nunca piense que ha perdido la guerra. El que fracasa y no se desanima es un futuro vencedor porque no cede en su empeño.

En la “CORAJE-TERAPIA” encontrará una forma muy suya para dejar de fumar. El "coraje" es una actitud emocional decidida y apasionada para acometer una empresa, particularmente cuando se enfrenta a un enemigo (tabaquismo en este caso), o a un peligro (enfermedades que provoca). A nivel neurológico, es una emoción de alta densidad con una tasa persistentemente alta de descarga neuronal y fortalece los intentos de recuperar el control perdido sobre el entorno de la persona. Asimismo el "coraje" moviliza la energía hacia la auto-defensa, caracterizada por decisión, valentía, agallas, osadía, audacia, ímpetu, arrojo y ánimo. Es de gran importancia para la supervivencia y forma parte de la integración y elaboración de la reacción defensiva.

Hay miles de personas que con su "coraje" han superado los problemas más difíciles personales, familiares, sociales, y laborales. Todos conocemos personajes históricos, o que viven hoy día, que han cambiado los destinos de la Humanidad gracias al "coraje". También el deporte nos demuestra su importancia para alcanzar metas. Un ejemplo espectacular es el ciclista norteamericano Lance Armstrong, que acaba de ganar su tercer Tour después de haber sido diagnosticado hace unos años de un cáncer de testículo con metástasis en cerebro y abdomen. 

Su "coraje"  le ayudó a vencer la enfermedad, con la intervención terapéutica de los médicos, y a demostrar lo que se puede lograr cuando uno se lo propone por encima de todas las barreras que se interpongan en el camino.

La técnica personal por la que se consigue dejar de fumar con la ayuda del "coraje" la he denominado "CORAJE-TERAPIA" y sus fundamentos son los siguientes: 

1º. El "CORAJE" le ayuda a tomar decisiones con seguridad y firmeza.

Ha hecho tantas cosas importantes en su vida y con tanto esfuerzo que no puede dudar, en ningún momento, de su capacidad para enfrentarse al tabaco. La verdad es que nadie le ha regalado nada y, sin embargo, ha cumplido sus objetivos con la ayuda de su "coraje". En esta ocasión tampoco nadie le va a solucionar el problema, sino que es usted el que tiene que esforzarse, una vez más, en conseguirlo. Dejar de fumar es fácil o muy fácil, si uno se lo propone firmemente y pone el cigarrillo en su sitio (elemento embaucador, tóxico y cancerígeno que provoca un engaño químico en el cerebro por la adicción de la droga legal “nicotina”, en beneficio de unos intereses creados que facilitan, desde la infancia y adolescencia, caer en la trampa adictiva); y difícil, o muy difícil cuando uno se acobarda, se empequeñece y le da miedo desprenderse del cigarrillo, porque cree equivocadamente que le aporta algún beneficio personal. 

2º. El "CORAJE" le permite enfrentarse con éxito a su tabaquismo.

Todo lo que piensa, siente y realiza tiene una explicación, un por qué, un código que da respuesta a su vida. Los hábitos de su comportamiento diario no los realiza por casualidad, sino por algo que los justifica. Usted fuma por algún motivo y lo importante es descubrir de qué manera empezó y cómo ha llegado a crearle una fuerte dependencia. 
El cigarrillo influye por medio de la nicotina en (a) su cuerpo,(b) su mente y (c) sus emociones.

(a) La parte "corporal" es la reacción que provoca en su sistema nervioso la nicotina. Cada vez que inhala el humo del cigarrillo en sus pulmones, la nicotina llega a su cerebro en tan sólo nueve segundos y activa circuitos cerebrales de refuerzo con la descarga basal de neurotransmisores (sustancias químicas contenidas en las neuronas que son secretadas para transmitir la información).

La nicotina provoca en el cerebro un refuerzo neurobiológico que se percibe como una sensación de bienestar y estimula a seguir consumiéndola. Tiene capacidad de activar gradualmente circuitos cerebrales que son similares a los que utilizan las conductas específicas de supervivencia de la especie -como beber, alimentarse, búsqueda de refugio, copular-, pero la gran diferencia es que estos comportamientos humanos permiten el bienestar, el placer y la prolongación de la vida por medio de sistemas naturales y sanos, mientras que la nicotina sólo sirve para engañar al cerebro con un estímulo químico -ajeno totalmente a su buen funcionamiento- que lo engancha traicioneramente por un engaño social bien programado, para que siga buscando la droga legal en la cajetilla de cigarrillos, debido a la necesidad de satisfacer su dependencia nicotínica.

La nicotina desarrolla una vida propia neuroquímica que el cerebro redefine como normal y requiere su presencia en las cantidades esperadas -a este comportamiento se le llama adicción-, pero esto compite con sistemas de refuerzo de conducta normal, estimulantes fisiológicos sanos, que aportan al cerebro unos niveles de satisfacción mayores por medios naturales, sin la necesidad de la autoadministración exógena de drogas adictivas como la nicotina.

El consumo de nicotina es un hábito que influye en todos los aspectos de la vida del fumador. La interrupción de la administración de la droga provoca una reactivación de las vías neurológicas de refuerzo (adicción), y las reacciones fisiológicas y psicológicas que siguen  llevan al nuevo consumo de la dosis que se obtiene del cigarrillo, dependiendo su número del nivel de la adicción y de las características personales.

(b) La parte "mental" son las imágenes y símbolos que se asocian al estímulo de la nicotina. Cuando era adolescente archivó en su memoria escenas de artistas famosos, deportistas que triunfan, o conquistadores que hablan de sus aventuras, todos ellos fumando en los momentos especiales. Se retratan los símbolos del amor, éxito, autoestima y poder, envueltos en el humo mágico del cigarrillo. Esos códigos  se le van grabando en su cerebro y los convierte en algo suyo, de tal manera que el "hecho de fumar" significa algo especial que le hace recordar escenas o personajes importantes. Se llama "refuerzo positivo" el repetir una acción que en otros momentos le ha proporcionado un bienestar.

(c) La parte "afectiva" (afectividad) esta formada por: sentimientos, emociones, pasiones y estado de ánimo. Los sentimientos reflejan un estado pasivo del “yo" en el que se pueden vivenciar distinto tipo de sensaciones agradables o molestas. Si la sensación es tan fuerte que se refleja en el cuerpo se desarrolla la emoción; cuando la actitud emocional perdura bastante tiempo hasta sentirla con más intensidad y tiene un eco importante en la mente, se convierte en pasión. Las características personales afectivas que son estables y persistentes forman el estado de ánimo. 

La nicotina actúa en los sentimientos: Los fumadores comentan cuando hablan del cigarrillo: "Me gusta". "Me hace sentir bien". "Me relaja". "Me anima". "Me siento fatal sin el cigarrillo". "Estoy incómodo sin un pitillo cuando me apetece".

La nicotina influye en las emociones: "No concibo pasármelo en grande sin el pitillo". "Me gusta cantidad echar humo por la boca". "Para disfrutar de los momentos, necesito un cigarrillo". "Me entusiasma estar con mi chica y un buen puro".

La nicotina se mete en las pasiones: "No podría vivir si mi cigarrillo". "No me importa perder la vida, pero a mí que no me quiten esto". "Si no fuera por el cigarrillo, no sé lo que hubiera hecho". "En este momento por un cigarrillo daría todo lo que tengo".

La nicotina afecta al estado de ánimo: "Mi vida no tendría sentido sin el tabaco". "Me siento deprimido si no puedo fumar". "No me centro, si no es con la ayuda del pitillo". "La cajetilla va conmigo a todas partes, menos a la ducha".

Todos estos comentarios son de distintas personas fumadoras; no quiere decir que todas sientan lo mismo. Como la nicotina influye en el carácter y los comportamientos afectivos son polifacéticos, cada uno experimentará distintos efectos nicotínicos  dependiendo de su forma de ser y de su nivel de adicción.

La “CORAJE-TERAPIA”  le enseña a dejar eficazmente el tabaquismo con la única y valiosa ayuda de su "coraje", que es una de las emociones más fuertes al movilizar la energía hacia la auto-defensa y supervivencia. El "coraje" influye en lo que pensamos, sentimos y realizamos, cuando tenemos la necesidad de un por qué, un código de autoprotección o de conquista en algún proyecto importante en nuestras vidas. Tiene tanta fuerza psicológica que puede intervenir en el cambio de los hábitos perjudiciales como la adicción a la nicotina.

El "coraje" influye en (a) su cuerpo,(b) su mente y (c) sus emociones. 

(a) La parte "corporal" es la reacción psicobiológica que provoca en su sistema nervioso el "coraje". Cuando se propone reaccionar con "coraje", sus mecanismos psicobiológicos activan circuitos cerebrales de refuerzo con la descarga basal de neurotrasmisores (dopamina, serotonina, endorfinas), catecolaminas (adrenalina),  hormonas femeninas y masculinas.

El "coraje" provoca en el cerebro un refuerzo psicobiológico que se percibe como una sensación de bienestar, fuerza, valentía, osadía, arrojo, y estimula a seguir manteniendo ese comportamiento. El "coraje" tiene capacidad de activar gradualmente circuitos cerebrales que son los que utilizan las conductas específicas de supervivencia de la especie - como beber, alimentarse, búsqueda de refugio, copular-. Es una emoción de gran importancia para la supervivencia y permite el bienestar, el placer y la prolongación de la vida, por medio de sistemas naturales y sanos. (La nicotina sólo sirve para engañar al cerebro con un estímulo químico - ajeno totalmente a su buen funcionamiento- que lo engancha traicioneramente por un engaño social bien programado, para que siga buscando la droga legal en la cajetilla de cigarrillos, debido a la necesidad de satisfacer su dependencia nicotínica). El contenido del paréntesis está repetido, como habrá comprobado, para matizar de nuevo la gran diferencia entre lo natural-sano y lo adictivo-patólogico.
El "coraje" desarrolla una vida propia psicobiológica que el cerebro redefine como muy importante y requiere su presencia en los momentos críticos para enfrentarse a un enemigo (tabaquismo en este caso), o un peligro (enfermedades que provoca), o para superar las fronteras difíciles de nuestro destino. A este comportamiento se le llama valentía. Activa los sistemas de refuerzo de conducta normal, estimulantes fisiológicos sanos, que aportan al cerebro unos niveles de satisfacción por medio de un sistema natural, sin la necesidad de la autoadministración exógena de drogas adictivas como la nicotina.

Cuando se descubre la fuerza del "coraje" y se valora en qué manera puede cambiar nuestras vidas, se convierte en un hábito que caracteriza las situaciones personales, afectivas, familiares, laborales, sociales en las que hace falta reactivar las vías psicobiológicas de refuerzo. Las reacciones fisiológicas y psicológicas que siguen, nos ayudan a enfrentarnos con garantías de seguridad en lograr nuestros propósitos aunque parezcan inalcanzables, también existen milagros humanos.

(b) La parte "mental" son las imágenes y símbolos que se asocian al "coraje". Cuando era adolescente archivó en su memoria escenas de conquistadores que hablan de sus aventuras, deportistas que triunfan, personajes históricos que han sido capaces de cambiar el rumbo de la Humanidad, los héroes de los libros y en las películas. Todos ellos demuestran en su comportamiento que se pueden vencer las mayores dificultades si uno se lo propone con su "coraje".  Muchos adolescentes tienen que enfrentarse a la cruda realidad del destino antes de hacerse mayores. Luego en la vida adulta tenemos que vencer muchos problemas para salir adelante y, en los momentos difíciles, necesitamos esa fuerza especial que se genera en nuestra mente para protegernos a nosotros mismos y a los demás: El "coraje".
 (c) La parte "afectiva" esta formada por: sentimientos, emociones, pasiones y estado de ánimo. El "coraje" influye en todos, dependiendo en cada momento de la vida: 
Cuando nos enamoramos: para conseguir estar junto a esa persona especial que hemos conocido, queriéndola, mostrándola todo lo mejor que tenemos, trabajando por un proyecto común, sorprendiéndola día a día con afecto, sensibilidad, imaginación, fuerza, simpatía, tenacidad, superando las dificultades que el destino ponga por delante, ascendiendo a las montañas más altas o cruzando el más grande de los océanos. 

En la familia: protegiendo a esos personajillos tan lindos y que tanto queremos, preocupándonos para que crezcan con salud y armonía rodeados de buenos principios morales y éticos, aprendan a valorarse a sí mismos, les entusiasme el deporte, los estudios, la cultura, la naturaleza, el respeto al medio ambiente, que sean ciudadanos del mundo, ayuden a los que lo necesitan y que el "coraje" forme parte de sus vidas. 

En el trabajo: esforzándose por ser un buen profesional, dejándonos los codos en compañía de los libros, avanzando en nuestros conocimientos para aportarlos a la sociedad, siendo responsables en todo momento, participando con nuestros compañeros en mejorar el trabajo en equipo, logrando la mejor calidad en el diseño, producción y servicio a todos los niveles de la empresa, y realizando todos los objetivos necesarios para conseguir una total seguridad de la salud y la vida de los trabajadores.

En tantos otros aspectos y circunstancias de la vida en la que necesitamos el "coraje" y, lógicamente, cuando un hábito como el tabaquismo está perjudicando con las más de 4000 sustancias tóxicas -algunas cancerígenas- que tiene el humo de cada cigarrillo (alquitrán, monóxido de carbono, ácido cianhídrico, acroleína, tolueno, acetonitrilo, nitrobenceno, amoniaco, 2-butanona, isopreno, metano, fenol, catecol, benzo(a)pireno, sigmasterol...), que van lenta y progresivamente dañando la boca, las encías, los dientes, el esófago, el estómago, los pulmones, los vasos sanguíneos, el corazón, el hígado, el colon, el riñón, el páncreas, la vejiga, la piel, los órganos genitales..., y todo lo que encuentran en su camino, ensuciándolo y alterando el buen funcionamiento y equilibrio del organismo, hasta que lo enferman y le pueden arrebatar su importante, valioso y exclusivo proyecto personal.

Al abandonar el tabaquismo está queriendo de nuevo a su salud, que la tenía maltrecha atacada por miles de sustancias tóxicas. Está recuperando su derecho a la vida, que lo tenía hipotecado al peligro de enfermedades traicioneras. Va a encontrarse más joven y más fuerte, lo que le servirá de estímulo. Se sentirá orgulloso de usted mismo, por haber vencido una de las adicciones (nicotina) más fuertes que existen. Hará mejor el amor, el tabaquismo puede provocar impotencia. Se dará cuenta que se ha liberado de una sucia y tóxica esclavitud.

¿No le parece suficiente como para enamorarse de la vida y rechazar para siempre uno de sus peores enemigos por medio de un fiel aliado: "SU CORAJE"?

3º. El "CORAJE" le defiende para que nada ni nadie le perjudique.

Usted se protege a sí mismo, a los suyos y aquello que ha conseguido con su esfuerzo, sacando todo su "coraje", si fuera necesario. Tiene muy claro que no va a consentir que nada ni nadie les haga daño o les arrebaten lo que les pertenece. El cuerpo forma parte de su persona. Su sincronismo biológico hace que funcione con la precisión de un reloj cuando ningún factor patológico interno o externo le crea problemas. Utiliza sus mecanismos naturales defensivos para protegerle, cuidarle y que se encuentre a gusto consigo mismo. 

Su cuerpo realiza un trabajo importantísimo para llevar el oxígeno de sus pulmones y distribuirlo a todas sus zonas vitales por medio de unas prodigiosas cañerías (arterias y venas). Alimenta sus células para que cumplan su función y se mantengan en equilibrio. Asimila los alimentos que consume y los transforma en energía. Elimina las sustancias de desecho que no necesita y le podrían perjudicar. Tiene un proceso de regulación para que se adapte al medio en que vive. Emplea todos sus recursos en mantener en forma los sistemas orgánicos y renovar las células para que usted se encuentre vital y sano durante muchos años. Sus mecanismos neuroquímicos cerebrales hacen que vea lo que le rodea; escuche lo que le dicen; huela el perfume del amor; note en su cuerpo lo que se le aproxima; racionalice lo que hace; memorice lo que necesite; se emocione por sus ilusiones; exprese con palabras sus deseos; se apasione por lo que le hace y sienta como su piel y su mente se unen al unísono cuando se enamora.

Es evidente que usted se quiere a sí mismo, porque se demuestra con todo lo que hace para sentirse bien y los sistemas de protección que lleva a cabo a nivel personal, familiar, laboral y social. Pues bien, si realmente es así, no permitiría que nada ni nadie le perjudique. Entonces, ¿por qué hace daño a su cuerpo metiéndole en lo pulmones un humo antinatural y enfermizo?, ¿por qué deja que las sustancias tóxicas y cancerígenas que contiene el cigarrillo alteren el buen equilibrio de su organismo y le provoquen distintas enfermedades e, incluso, le hagan perder la vida?, ¿por qué castiga a su cuerpo?, ¿que le ha hecho de malo para que le trate de esa forma?, ¿no se ha dado cuenta que todas las cajetillas dejan bien claro que: "Las Autoridades Sanitarias advierten que el tabaco perjudica seriamente su salud"?.  Pues bien, reaccione cuanto antes y quiérase a sí mismo, pero desde los pies a la cabeza, y, por favor, no vuelva a hacer daño a su propio cuerpo, que se lo agradecerá toda la vida. Se lo merece.

No le moleste que me ponga así de "serio", es que el tabaco perjudica "seriamente". ¿Me comprende? Yo a usted sí, por eso intento utilizar todos los argumentos científicos para explicarle el perjuicio que le hace el cigarrillo y la mejor forma de dejarlo. Aunque piense que estoy exagerando, no tengo la menor intención de hacerlo. Deseo trasmitirle los hallazgos médicos basados en múltiples investigaciones científicas realizadas en todo el mundo y que nos dan una garantía absoluta de sus descubrimientos. 

Comentaba Fernando en una ocasión: “Cuando me dijo que si sería capaz de no sacar la basura de mi casa durante seis meses, le contesté que eso era una aberración y mi familia me abandonaría a la semana, al no poder aguantar los olores y la sensación de suciedad.  Me impresionó su respuesta: ¿Por qué haces eso con los maravillosos alvéolos de tus pulmones, que inhalas sustancias tóxicas y cancerígenas del tabaco?  Los pobrecillos no pueden sacar toda esa guarrería que tienen dentro y terminan colapsándose y enfermando.

- En esos momentos me sentí fatal por lo que estaba haciendo y noté una fuerza interior que me predisponía a dejar el cigarrillo, además comprendí su comentario de que trataba a mi casa, mi coche y mi perro mejor que a mí mismo. Hago todo lo posible para que estén bien, cuidados y limpios. Ya le dije que el perro es uno más de la familia y no le falta de nada; cuando lo saco a pasear, lo llevo por calles donde no haya mucho tráfico para que no lo perjudique el humo de los coches y autobuses.
- Su repuesta también me pareció convincente: ¿Es que su cuerpo no se merece el mismo trato?, ¿cree lógico evitar que la contaminación haga daño a su perro, mientras usted va fumando su cigarrillo que contiene monóxido de carbono igual que los tubos de escape?, ¿por qué no aprende a querer a su cuerpo?, ¿por qué no le cuida mejor y no le castiga con el humo que tanto daño le hace?”.

4º. El "CORAJE" le afianza para superar el síndrome de abstinencia.

No sé si  le sorprenderá de que hable del síndrome de abstinencia al referirme al tabaco. Pues bien, la nicotina es una droga y provoca adicción. Cuando deja de fumar se echa en falta su actividad química adictiva en el cerebro y se provocan unos síntomas que se deben a su abstinencia. Al ser un conjunto de síntomas se denomina síndrome. En términos vulgares se le llama “mono”.

Los síntomas característicos son: inquietud, ansiedad, decaimiento, tristeza, dificultad de concentración, irritabilidad, frustración, agresividad. No se asuste, los estoy describiendo todos juntos, pero no significa que se tengan a la vez. 

Como el cigarrillo influye en el carácter, y los comportamientos de las personas son polifacéticos, cada uno experimentará unos síntomas dependiendo de su forma de ser y la manera que tiene de enfrentarse a las dificultades.

Los comentarios que suelen decir: "Estoy que muerdo". "Protesto por todo". "No hay quién me soporte". "Hay momentos que me subiría por las paredes". "Me siento irascible". Una vez que se pasan los momentos críticos, todo vuelve a su cauce y el que deja de fumar es tan encantador como ha sido siempre, o mejor porque se sentirá más sano.
También hay síntomas físicos como tos, dolor de garganta, sensación de estar acatarrado, que es el mensaje que manda el cuerpo de estar limpiando toda la guarrería que se le estaba metiendo, pero desaparecen en unos días. 

Sería interesante poder encontrar un momento idóneo para dejarlo, en que esté un poco más tranquilo y no metido en situaciones que le estresen mucho, pero esto no le puede servir como disculpa para retrasarlo una y otra vez, porque cuanto antes decida hacerlo, será mejor para usted y  su salud.

Hay circunstancias especiales que estimulan el "coraje": La mujer que lo deja por quedarse embarazada; una promesa a un ser querido; cuando el médico dice a un paciente que lo tiene que abandonar para que no se complique la enfermedad. Otras veces influye el miedo al comprobar los riesgos del tabaco reflejados en una persona conocida, o si pierde la vida alguien de su entorno familiar o laboral. También reactivan el "coraje" las apuestas que se hacen entre compañeros para conseguirlo, a veces utilizando comentarios como: “Tú es que no tienes lo que hay que tener para dejar de fumar”. Y la respuesta: “¡¡¡¡Que no tengo, que no tengo, te lo voy a demostrar para que sepas quién soy yo!!!!” Y por el orgullo de no quedar mal, se hace lo que sea necesario. Al fin y al cabo, están apostando por la vida.
Funciona muy bien el animarse entre dos amigos o más a dejarlo juntos con "coraje”, aunque no haya apuesta por medio. Parece como si la dificultad fuera menor cuando es compartida. También da muy buenos resultados cuando es la pareja la que se propone hacerlo a la vez, y se ayudan en todo momento a superarlo.

5º. El "CORAJE" le da agallas suficientes para abandonar definitivamente y para siempre el engaño tóxico del cigarrillo.
Patricia es una ejecutiva que se proponía dejar de fumar y manifestaba : 

“Tengo dos formas de sentir sobre el tabaco completamente distintas que me gustaría comentar: Por las mañanas el cigarrillo me pone las alas para volar; después de tomarme un café, que arranca los motores, el primer pitillo me envuelve en su humo y me transporta a la lucha diaria. 

Sin él me sentiría como un pájaro sin alas. Luego en el trabajo me sirve de arma para vencer a mis enemigos diarios (los papeles, el teléfono, el balance, las reuniones, las envidias, las contrariedades...). Todo parece más fácil cuando echo humo por la boca; es como una fuerza interior que me protege ante las adversidades. A la hora del fracaso, me anima para seguir luchando; cuando parece que algo no tiene solución, me ayuda a encontrar una salida; en las discusiones, me tranquiliza para no decir algo de lo que luego me arrepienta; y en los momentos de éxito, parece que es mayor lo que he conseguido si me dejo envolver por el humo de la victoria. En las comidas, me da al final el toque de distinción para saborear el postre y un café; cuando estoy con unos amigos tomando unas copas, no sé que haría si no tuviera a mi fiel cigarrillo acariciándome los dedos y con su estímulo se me ocurran ideas geniales para exponer. En la intimidad, descubro con su presencia momentos especiales que me ayudan a superar situaciones de soledad, tristeza, desconsuelo; y en las horas bajas, encuentro en su compañía una pequeña hoguera que me ayuda a buscar el horizonte del ánimo.

- La otra realidad es totalmente diferente: Me levanto por la mañana asfixiada, tengo que romper a toser para que el aire entre bien en mis pulmones. No se puede imaginar la tos perruna que se me pone. Parece como si me fueran a salir las entrañas por la boca. Me da miedo que de los esfuerzos me pueda ocurrir algo. Luego se me pasa y me tranquilizo, pero la tos aparece en otras ocasiones del día y cada vez noto que dura más tiempo, llegando a ser muy incomodo. Tengo la garganta como si fuera un felpudo, necesito un caramelito en la boca para suavizarla. Se me irritan los ojos. A veces me duele el estómago a rabiar y no hago bien las digestiones. Sin saber por qué, me aparecen unas colitis que me dejan agotada. Me canso a nada que hago; soy incapaz de subir un piso sin notar fatiga; he dejado de jugar al tenis porque era bochornoso. Me acatarro cada dos por tres y me duran varios días. Llevo un spray en el bolsillo para el mal aliento que tengo. Utilizo perfumes cada vez más fuertes porque no los huelo bien. Me gasto un dineral en cremas para quitarme la sequedad de piel. Me da rabia el verme los dedos de color amarillo y mis dientes no terminan de ponerse blancos,  utilizando todos los medios que puedo. Aunque las cajetillas amenazan con enfermedades peligrosas no me ha influido hasta ahora, porque soy optimista por naturaleza y siempre pienso que a mí no me va a tocar. 

- Pero hay algo que considero totalmente "lógico" y es que el tabaco no me da calidad de vida y no me encuentro bien. No me compensa, en absoluto y por nada del mundo, lo que parece  aportarme con lo que realmente me quita”.
Se le explicó detenidamente cómo era el hábito del tabaco e hizo muchas preguntas para conocer las características de su adicción. Se le informó sobre los distintos tipos de tratamiento con sustitutos de la nicotina, psicofármacos (bupropión), homeoterapia, acupuntura, hipnosis y se le propuso también la "CORAJE-TERAPIA". Respondió con mucho ímpetu que ella había hecho todo en su vida a base de echarle mucho "coraje " y que esta vez no iba a ser menos.

A los seis meses reafirmaba con orgullo: “Lo logré y me siento muy satisfecha conmigo misma. Le aseguro que le tuve que echar agallas para romper la rutina de las dos cajetillas o más que me fumaba. Puse en práctica los consejos naturales que me ayudaron a superar la crisis de los primeros días; la verdad es que tampoco fueron tan dramáticos. Me levantaba antes por las mañanas y hacía un poco de gimnasia informal para mover todas mis articulaciones. Me impresionó lo que me dijo de la cantidad de movimientos que se puede hacer con el cuerpo humano y los pocos que hacemos a lo largo del día. Le aseguro que más que gimnasia sueca era un popurrí a mi manera bastante completito, pero sin forzar y aumentando poco a poco. Luego me daba una ducha y me frotaba bien los brazos y las piernas para estimular la circulación. Me preparaba un desayuno a base de zumo de naranja recién hecho, una manzana o dos peras y un yoghurt con productos integrales. Después de unos días, me tomaba mi cafetito y no echaba de menos el cigarrillo. El resto de las comidas también las hacía quitando las grasas que podía, los condimentos fuertes, no abusaba de los hidratos de carbono y tomaba ensaladas riquísimas, verdura en formas variadas, pescado, carne a la plancha y la fruta antes de comer. Me sentía más ligera al terminar y no echaba en falta nada de nada. 

-Empecé a hacer deporte, que había dejado a causa del cansancio y del ahogo que me entraba. Me hizo sentir mejor el jugar al tenis de nuevo, en plan de divertirme, sin ánimo de competir al principio, hasta que me iba recuperando del estado de agotamiento que tenía por culpa del tabaco. Hacía senderismo con mis amigos y, sobre todo, andaba por cualquier excusa y cada día me gustaba más hacerlo. Que razón tenía cuando me dijo:" La salud está en el plato y en la suela del zapato". Dormía mejor por las noches y me levantaba sin tos, aunque la primera semana de dejar el tabaco parecía que tenía más, pero me acordé que podía ocurrir y que era señal de que se estaban limpiando los pulmones; luego se fue quitando hasta desaparecer. Me sirvieron los chicles y caramelos sin azúcar para distraerme un poco y bebía mucha agua, sobre todo al principio. En mi mesa del despacho quité el cenicero y en su lugar puse una botellita de agua mineral o manual (a veces la llenaba del grifo). 

- ¡Menuda diferencia de ver un recipiente sucio, mal oliente, desagradable y lleno de colillas; a otro trasparente, cristalino, limpio, agradable y símbolo de salud. El agua es buena para todo! ¿Verdad que le comprendí sus mensajes? Hubo momentos verdaderamente complicados, pero no tanto como pensaba, especialmente cuando las ganas de fumar parecían más fuertes que todos mis recursos en evitarlo. Para superarlos empleaba el autoestímulo que provenía del "coraje", mi fiel compañero en todo momento. Me decía a mí misma: "Tienes que conseguirlo como sea". "No puedes claudicar". "No te rindas, por lo que más quieras" . "Aguanta un poco más y lo conseguirás". 

- A medida que iba pasando los días y empecé a sentirme más saludable, me animaba a persistir en el intento: "Acuérdate de lo mal que te encontrabas y de lo bien que estás ahora". "No vuelvas hacia atrás". "No quiero toser más por las mañanas como si fuera un perro". "Ya no me canso al hacer un mínimo esfuerzo". "Tengo mejor la piel" . "He recuperado el olfato y el gusto". "Ya tengo los dientes blancos“. "Aguanta como puedas". 

- Aunque parezca mentira, a base de autoafirmarme en mis planteamientos, evitaba caer en el impulso de coger aquello que tanto me había gustado y enganchado con su dependencia. No se imaginan la cantidad de posibilidades que he tenido de hacerlo, incluso alguna vez me obligaron casi, porque se sentían rechazados si no lo hacía. Me daba absolutamente igual, había decidido no volver a fumar y pasara lo que pasara, mi firme propósito era más importante que cualquier incitación para hacerlo.

- Llevé al pie de la letra el no inhalar ni una calada de ese humo que me dominaba con su poder y magia. Al mes de no fumar ni uno solo, empecé a pensar que si había aguantado treinta días con sus noches era porque lo tenía controlado, y que me podía echar un cigarrito, pero recordé los consejos que me dieron: "Aunque creas que lo tienes superado, no se te ocurra volver a fumar ni uno solo". Así lo hice y creo que si me hubiera dejado llevar por mis impulsos hubiera fumado de nuevo”. 

Se le preguntó sobre los comentarios que había referido el primer día, que se encontraban descritos en su historia, y reuniendo todas sus respuestas se podría transcribir: "Ahora y después de seis meses sin fumar, creo haber encontrado el mejor sustituto del tabaco y es el sentirme bien conmigo misma, más vital de salud y más fuerte de ánimo.
Ya no necesito las alas por la mañana porque he bajado de la nube del humo y me siento con los pies en la realidad de mi vida. En el trabajo, la fuerza que me sale de dentro es mía, sólo mía, me sirve de arma para vencer los problemas diarios; es algo interior que me protege ante las adversidades. A la hora del fracaso, me animo yo misma para seguir luchando; cuando parece que algo no tiene solución, la claridad de mente que tengo ahora me ayuda a encontrar una salida; en las discusiones, me autotranquilizo para no decir algo de lo que luego me arrepienta; y en los momentos de éxito, parece que es mayor lo que he conseguido si me siento sana y a gusto conmigo misma, sin la necesidad de acudir a la nicotina. Las comidas son más ligeras y no necesito tomar estimulantes al final. Cuando estoy con unos amigos me siento despejada y fuerte para mantener una charla interesante. En la intimidad, descubro las maravillosas sensaciones de un cuerpo sano y tranquilo que no necesita de la nicotina para activarse ni del humo cautivador para tranquilizarse. Cuando estoy triste, sola o desconsolada me digo que no necesito un cigarrillo para estar bien y el hecho de superarlo me hace sentir mejor. En las horas bajas, me propongo salir de ellas con mi ánimo y sin la ayuda de estimulantes embaucadores”. 

Jorge llevaba tiempo que no se encontraba bien y su mujer le pedía por favor que dejara de fumar y que fuera al médico. Él no hacía ni caso aunque sabía perfectamente que el tabaco le estaba perjudicando. Un sábado se levantó muy raro. A las seis de la tarde sintió un dolor muy fuerte en el pecho, que no le dejaba respirar. Creía que no lo contaba; intentó tranquilizarse y cedió un poco. Su mujer se asustó al ver cómo estaba y le llevó inmediatamente al hospital. Le hicieron varias pruebas; el médico fue muy duro con él aunque correcto: "Ha tenido usted suerte, Jorge, de que no se ha encontrado nada grave, esto ha sido un aviso de su cuerpo para que le cuide y, si no lo hace, la próxima vez puede ser fatal". Le prescribió un tratamiento, le dijo que lo controlara el cardiólogo de zona y dejara el tabaco por el bien de su salud y su vida. 

Salió del hospital avergonzado de sí mismo y oyendo una bronca tremenda de su mujer. Decía lo mismo que otras veces, además reforzada con la evidencia de lo que le había pasado y las palabras del médico. Le recordó con mucha angustia que sus hijos le necesitaban, la importancia que tiene un padre en sus vidas, lo mucho que ellos le querían y lo mal que iban a pasarlo si le ocurría alguna desgracia.
Sin saber por qué lo hacía, su mujer aparcó el coche antes de llegar a casa y paró el motor. Le cogió la cara y con los ojos llenos de lágrimas y las palabras balbuceantes dijo: "Jorge, ya te he comentado en varias ocasiones que no eres ni el marido, ni el padre ideal, cometes muchos fallos que no haces por corregirlos. 

- Ahora, deseo que me escuches y no olvides nunca lo que te voy a decir: Yo te quiero y no sabría vivir sin tenerte a mi lado. Te suplico en nombre de nuestros hijos y en el mío propio que no vuelvas a meter en tu boca ni uno sólo de esos malditos cigarrillos".

Aquella experiencia tan desagradable y las palabras tan sinceras de su mujer sirvieron para reforzar su decisión y lo tenía más claro que nunca. No volvería a fumar en la vida ni un solo cigarrillo. Sabía que no perdía nada más que un vicio tan absurdo y asqueroso como meter humo en los pulmones y echarlo por la boca, como si fuera el tubo de escape de un coche. Además te va estropeando la salud poco a poco de una forma vil y traicionera. No necesitó ningún método para dejarlo, ni la ayuda de nadie. Tenía la firme y absoluta decisión de no volver a fumar nunca más, el convencimiento de que le estaba perjudicando y podía quitarle la vida, además de la certeza de que se iba a encontrar mucho mejor cuando se desintoxicara de toda la suciedad que llevaba dentro y no metiera nada más. Lo consiguió, claro que lo consiguió y no se ha arrepentido nunca.

Almudena estaba muy preocupada porque el test del embarazo le había dado positivo y fumaba casi tres cajetillas diarias. Sabía que su tabaquismo pertinaz le podía hacer abortar lo que tanto ya quería, o bien que naciera con bajo peso y tuviera problemas. Después de oír atentamente todos los consejos, dijo categóricamente: "Por un hijo sería capaz de dar la  vuelta al mundo andando, ¿cómo no voy a ser capaz de dejar de fumar? Y además lo voy a hacer a lo grande, echándole coraje”.

Una sonrisa de asombro y cordialidad acompañó la repuesta: “Estoy seguro, por no decir totalmente seguro, que lo vas a conseguir, pero quiero aprovechar esta ocasión para decirte que si eres capaz de hacer todo lo que sea necesario por un hijo, también tendrías que pensar en ti mismo con cariño y autoprotección". Asintió con dulzura con la cabeza como si hubiera entendido perfectamente el mensaje y añadió: "Le prometo que esto va a ser para toda mi vida".

Al mes apareció reluciente con una actitud victoriosa y nos contó: "Llegué a casa, me miré al espejo y dije: No vuelvo a fumar un cigarrillo en mi vida. Pero la sorpresa es que no ha sido difícil hacerlo. Siempre había pensado que iba a ser durísimo y por eso no me atrevía a dejarlo".

Se le explicó que había fumadores empedernidos -no todos- que dejaban de fumar de un día a otro, sin esfuerzo aparente, porque no tienen una dependencia fuerte a la nicotina, sino un aprendizaje exacerbado que lo han convertido en un hábito automático, por lo que cuando decidían romper con el cigarrillo de una vez por todas, se llevaban una de las mayores sorpresa y alegrías de su vida. A los nueve meses nacieron dos criaturas preciosas: Almudena y Arantxa. 

Manuel me contó un día su experiencia de cómo dejó de fumar: “No soy muy aficionado a los toros, pero tengo un gran amigo que es un apasionado hasta la médula. Me invitó una tarde a ir a una corrida fuera de serie. Tenía amistad con uno de los toreros y fuimos a saludarle.

- Había salido por la puerta grande y estaba eufórico. Nos invitó a tomar una copa en su hotel y yo estaba encantado de conocer un "maestro" tan de cerca. Empezamos a charlar y a fumar como "descosidos". El maestro hablaba con una sobriedad y un arte que impresionaba. Le rodeábamos once personas, alguna gente importante en la vida pública, pero la serenidad, el aplomo, la gallardía, la fuerza y la seguridad que transmitía en sus palabras, no se podía comparar con ningún otro. Yo estaba de prestado, así que se puede imaginar que no abría la boca.

- Después de charlar de varios temas y de las incidencias de la corrida, el maestro cogió con su mano derecha el séptimo cigarrillo que se había metido en el cuerpo, y mirándole muy seriamente con una voz grave y profunda comentó para asombro de todos: "Éste es el único con el que no puedo y me torea como le da la gana". Uno de los contertulios le espetó rápidamente: "Pero maestro, si tiene valor para enfrentarse con los Miura, ¿cómo no va a hacerlo con un vulgar cigarrillo?". Respondió como si fuera otra persona y en su rostro se vislumbró un gesto de tristeza y debilidad: "Lo he intentado en varias ocasiones y nunca he podido. Sé que me perjudica mucho porque cuando estás delante del toro necesitas de todos tus reflejos para protegerte y defenderte; cualquier descuido te puede costar la vida. El tabaco me disminuye físicamente y noto que me faltan las fuerzas, pero no puedo luchar contra él". Hubo un silencio majestuoso. Nadie se atrevía a mencionar ni una sola palabra ante la confesión que acababan de oír.

El maestro levantó la cabeza, alzó su mano para frotarse ligeramente en la frente y continuó diciendo: "Les aseguro que algún día podré vencer a ese maldito enemigo y juro que saldré por la puerta grande para nunca volver a fumar".

- Aquellas palabras me dejaron impresionado y a la mañana siguiente me miré al espejo y dije con mucha energía: ¡Tú vas a tener más agallas que ese torero y no vas a fumar un cigarrillo más en la vida¡. Fue duro los dos primeros días. Parecía como si me hubiera encerrado en una plaza con seis Miuras y los tuviera que lidiar yo solo. Las ganas de meterme el asqueroso humo del cigarrillo en el cuerpo era como una envestida que me quisiera coger, le daba un capotazo y se me pasaba. Las cornadas de después de levantarme y tomar un café, camino de la oficina en el coche, cuando empezaba a trabajar, en la sobremesa, entre las cinco y las seis de la tarde, al salir del trabajo, en el pub con los amigos, al llegar a casa, viendo un partido y a última hora de la tarde eran las peores. Al tercer día los toros parecían menos bravos y no me costaba torear las ganas de fumar. Incluso en muchos momentos me parecía, ante mi asombro, sencillo. En el cuarto día algunos se caían antes de entrar a la muleta; no tenía que hacer grandes esfuerzos para olvidarme del cigarrillo, aunque no me descuidé ni un sólo momento porque la cornada podía entrar cuando menos me lo esperara. Fui prudente y a pesar de que a partir del quinto día creía que lo podía superar, porque la ansiedad de meter el humo en mis pulmones me iba desapareciendo, no dejé de tener la muleta en la mano. Había oído que, hasta que no pasan seis meses o más de un año a veces, las ganas pueden atacar descuidadamente en cualquier momento, aunque el tiempo juega a tu favor y cada vez es más difícil que te pille. Yo no bajé la guardia nunca.

-A los dos meses me sentía satisfecho de mí mismo, estaba orgulloso de haber dejado de fumar tres cajetillas diarias, unos tres mil seiscientos cigarrillos en ese tiempo. Un sábado por la noche tenía una cena con unos amigos y lo estábamos pasando genial. Al final, pidieron una botella de champagne y empezaron a decirme en broma  que me fumara un cigarrillo para no hacerles de menos. Si había estado sesenta días sin fumar, podía hacer lo que me diera la gana, lo tenía totalmente controlado. Me resistí al principio, luego pensé que por uno no pasaba nada. 

- Después del primero, cayeron cuatro más. Al día siguiente fueron ocho o diez, no recuerdo bien. El cuarto día me compré una cajetilla por la mañana y otra a última hora de la tarde. Poco tiempo después me fumaba dos cajetillas y media; no tardaron en llegar las tres. ¿Qué le parece lo que te estoy contando?”

Tengo muy claro que si consigues dejar de fumar, no debes tirarlo todo por la borda si caes en el error de echarte un cigarrillo, aunque sólo sea uno. El monstruito de la adicción se puede activar de nuevo y obligarte a satisfacer sus necesidades diarias de la droga (nicotina). Pero, Manuel, si lo has conseguido una vez con tanto "coraje", lo podrás hacer de nuevo y esta vez la definitiva. Lo consiguió.

6º. El "CORAJE " le fortalece para que no se autoengañe.
Se oyen distintas justificaciones para seguir fumando sin hacer ningún caso a las continuas advertencias de su médico, sus seres queridos, sus amigos, sus compañeros, los medios de comunicación y en todas las cajetillas que advierten del peligro de su consumo. 

P. -Mi abuelo tiene 87 años y ha fumado desde joven, ¿por qué no puedo hacerlo yo?

R. - La naturaleza de las personas no es la misma. Usted puede tener un problema serio cuando menos se lo espere, aunque su abuelo se encuentre bien y ojalá siga estándolo. Si realmente quiere un buen consejo: Deje de fumar lo antes posible y no se fíe de que su abuelo tenga suerte, usted no la puede tener. Nadie le puede garantizar que no le va a pasar nada cuando entra en una zona tóxica y cancerígena para la salud como es el tabaco.

P.- Todos podemos correr riesgos en el coche, la contaminación, los alimentos adulterados, ¿por  qué no aceptar otro más?

R. - No se le puede decir que no salga a la calle para que no tenga un accidente, ni que se vaya de la ciudad para eludir la contaminación, ni se conocen los alimentos que están en malas condiciones hasta que no se hace un estudio. Lo que sí le puedo aconsejar categóricamente es que abandone su hábito de tabaquismo lo antes posible porque no le beneficia en nada y le está perjudicando. 

P.- Ustedes los médicos nos están haciendo la vida imposible a los fumadores. Siempre hablando mal del tabaco. ¿Por qué no dicen las cosas buenas que hace? ¿Qué me dice de los artistas que interpretan películas apasionantes con la ayuda de su pitillo; los poetas que han escrito bellos versos envueltos en el humo; los políticos que se les han ocurrido soluciones importantes dando vueltas en su despacho hasta las tantas de la madrugada por el estímulo de la nicotina; las separaciones y divorcios que se han evitado porque en los momentos de máxima tensión el tabaco tranquiliza los humos; las personas que combaten la soledad con la compañía del cigarrillo; y los que están a punto de suicidarse y no lo hacen porque encuentran una mínima esperanza en una calada de aliento?

R. - El tabaquismo es un hábito que hace perder la vida a millones de personas en momentos cruciales de su vida, cuando podían disfrutar de todo lo que habían sembrado con tanto esfuerzo. ¿Qué decir del padecimiento de todas esas personas, de sus problemas respiratorios, circulatorios, digestivos, metabólicos, renales, ginecológicos, urológicos, dermatológicos, endocrinos, los cánceres que degeneran sus cuerpos, la pérdida de su autonomía, de su calidad de vida? ¿Y del sufrimiento de su pareja, de sus hijos, de sus familiares, sus amigos y de miles de proyectos importantes que no se pueden terminar? Está totalmente justificado que los médicos hablemos mal del tabaco e intentemos, con todos los recursos que dispongamos, ayudar a los fumadores a que dejen de fumar por su bien y de sus seres queridos.

P.- Me da mucha rabia prescindir de los momentos de placer que me proporciona el tabaco. A medida que pasan los años, la pasión se va convirtiendo en algo teórico y no es fácil encontrar situaciones en las que uno se encuentre a gusto y satisfecho consigo mismo. Por el contrario, los problemas, las contrariedades, los engaños, las hipocresías, los chantajes emocionales están al cabo del día. Comprenderá mi reticencia a dejar para siempre esta cajita de cartón que llevo en mi bolsillo y que puedo controlar a mi antojo, sin depender de nadie, sin tener que pedirlo o conquistarlo a diario, con un precio asequible por ahora y que tiene una magia que me atrapa, me engancha y no me deja salir de ella.

R. - Estoy de acuerdo en que no quiera perder sus pequeños momentos de placer, yo no pretendo quitárselos, sino que los busque con otros medios que no sea el humo absurdo, tóxico y antinatural que se mete en sus pulmones y le puede enfermar de una forma grave. Usted es una gran persona y se merece vivir muchos años. No le ponga zancadillas a su destino.

7º. El "CORAJE" le anima que su proyecto de salud abarque todo.

Es frecuente oír la disculpa de que no se abandona el tabaco por miedo a engordar. Hay factores que pueden influir para que esto ocurra, pero también hay medios para evitarlo. 
La nicotina es un estimulante y una de sus características es aumentar el metabolismo, que hace que se consuman más calorías. Al quitar la nicotina hay cierta tendencia a ganar algo de peso que, según las estadísticas, la media puede ser de uno a dos kilos. Otros factores que influyen son el hecho de comer más por saborear mejor, ya que se recuperan las papilas gustativas y mejora la mucosa gástrica que estaba inflamada; también se asimilan mejor los principios básicos de los alimentos al quitar las sustancias tóxicas que impedían su absorción.

A nivel psicológico, la ansiedad que se tiene cuando se echa en falta un cigarrillo se cubre, a veces, comiendo de una manera compulsiva. Se sustituyen esos momentos de aparente placer que proporcionaba, ingiriendo alimentos en su lugar. Esto suele ocurrir especialmente los primeros días, luego se va controlando mejor. Esta es la razón por la que se recomienda que se tenga a mano chicle o caramelos sin azúcar para llevar algo a la boca. Lo que se deben evitar son el chocolate, las pastas, el pan, los bollos, los pasteles, los caramelos y chicles con azúcar.

Hay dos medidas importantes que hay que tomar para no coger peso. La primera es llevar una dieta que le deje satisfecho, pero que disminuya la ingestión de calorías. Se ha avanzado mucho en la ciencia de la nutrición y no es necesario pasarlo mal para perder kilos, sino encontrar lo más adecuado a las necesidades de cada persona.

La segunda medida importante para el éxito es el realizar un ejercicio regulado que le  permita sentirse a gusto consigo mismo y gastar calorías. Empezando por el más sencillo y no suficiente valorado, que es el andar todos los días que pueda.  La idea es que cuando termine su trabajo diario se de un paseo rutinario que es muy bueno para su salud. La media que alcanza una persona andando a paso normal es de cinco kilómetros a la hora. Si anda media hora se hace sus dos kilómetros y medio. Si lo hiciera todos los días serían 75 kms. al mes y en un año se habría hecho 900 kms. Como dice un proverbio chino: "Para recorrer 1000 kms, hay que ponerse a andar". Como dice un refrán popular ya mencionado: "La salud está en el plato y en la suela del zapato".

8º. Si no está convencido de utilizar su "CORAJE" para abandonar el tabaco o de pedir ayuda a un profesional es que le faltan argumentos  Siga buscándolos y los encontrará.
Usted es un buen profesional en su trabajo, pero sabe las dificultades y el esfuerzo que ha tenido que emplear para conseguirlo. Cada uno tenemos una misión importante que realizar en nuestra vida laboral y hacemos todo lo posible para cumplir los objetivos. Pues bien, le aseguro que hay profesionales de la medicina y de la psicología que están dispuestos a ayudarle para que usted disponga de todos los argumentos que necesita para dejar de fumar. No dude en ningún momento que le comprenderán y le enseñarán el camino de la desintoxicación, para que supere la dependencia del tabaco y se libere de todas las enfermedades que provoca. No se rinda ante una cajetilla, las batallas nunca se pierden si uno lleva la victoria grabada en la mente.

Mientras reacciona y encuentra sus argumentos, que sería muy importante por su bien hacerlo cuanto antes, tiene que mentalizarse en fumar lo menos posible. Procure que la calada tenga la misma intensidad en los "light" y no apure más el cigarrillo. Elabore una lista con los días de la semana y las horas, del tamaño suficiente para que quepa en la cajetilla o en la cartera, y apunte cada cigarrillo y qué le proporciona al fumárselo (cuanto mejor conozca su nivel de adicción, será más fácil superarlo). Procure no tragar el humo. Lleve una vida al aire libre, siempre que pueda, para que se desintoxiquen sus pulmones haciendo respiraciones profundas, dentro de sus posibilidades. Ande por el campo para que se oxigenen sus células. Evite los lugares cerrados y cargados de humo. Haga una alimentación muy sana para contrarrestar (relativamente) los efectos tóxicos del tabaco. No fume delante de sus hijos, especialmente si son pequeños. Cuando tengan 11 o más años, explíqueles que el tabaco no es bueno para su salud, aunque usted lo haga, y que le gustaría que ellos no caigan en la trampa de los anuncios embaucadores, o de otros niños que les convenzan que el fumar les hace sentir más "chulis", más maduros, más atractivos, más conquistadores y mayores. No se puede imaginar el gran beneficio que es para su hijo el oír sus palabras, especialmente si no las sienten impositivas o amenazantes, sino convincentes y amistosas. Sea condescendiente con su pareja si la molesta el humo y no estropee una buena relación por un vicio tan absurdo e insano. Respete a las personas que no toleran el tabaco y los lugares en los que no se puede fumar. No ofrezca cigarrillos y aprenda a decir que "no" cuando se lo den; nadie puede sentirse ofendido porque no lo haga. Si se le presenta algún síntoma, vaya al médico para que lo valore. Controle otros factores de riesgo como son la hipertensión, el colesterol, la falta de ejercicio, el alcoholismo, el sobrepeso, la diabetes. Hágase reconocimientos periódicos para detectar los efectos nocivos del tabaco sobre su cuerpo. Y no olvide nunca que el mayor regalo que puede hacerse para su salud es dejar de fumar.

9º. La decisión es sólo suya.

Sus decisiones son las que imprimen carácter a las circunstancias de su vida. Por mucho que quieran convencerle, el que lo hace es usted mismo. Si se propone dejar su hábito de tabaco y encontrar una salida a una vida más natural y sana, reactive su "coraje " y todo el esfuerzo que haga se verá recompensado. En la intimidad de sus pensamientos, en esos momentos que uno se encuentra consigo mismo, valore todos los argumentos que conoce y que serán muchos para tomar una decisión firme que le ayude a dejar el tabaco. Cuando lo consiga, que seguro que lo hará, ¡celébrelo por todo lo grande con sus seres queridos! ¡Dígales con orgullo a sus amigos fumadores cómo ha triunfado, para estimularles a que también ellos puedan recuperen su libertad de la esclavitud del cigarrillo! ¡Se lo agradecerán mucho! Le deseamos lo mejor.