/La Trastienda : enero 2014 La Trastienda : enero 2014
Steve Jobs, 1955 - 2011

" Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición."

jueves, 16 de enero de 2014

Ana la Sorda

“Ana la sorda”
"Parecido al tiempo entre costuras"

Este artículo lo escribí hace 10 años


Mi madre fue modista en Tetuán, Tánger y Madrid.

Me presentaré: Me llamo Enrique Román Tovar y nací en Tetuán en el año 1957, por lo tanto, tengo y poseo casi 46 años. Mi tiempo de permanencia en Tetuán fue de muy poca entidad, ya que viví hasta el año 1962 en Tanger y desde allí nos vinimos a España; concretamente a Madrid , lugar donde resido actualmente; es decir tuve poco recorrido en Marruecos. Pero yo no quiero hablar de mí, sino de un personaje extraído de un fragmento del texto que magistralmente Juan García Jiménez realiza de la Travesía de la Sueca,, Febrero de 2000(2ª parte), en el boletín de “La Medina”. Dicho fragmento habla
de mi familia, de mis abuelos. Si me atrevo a escribir es por que dentro de mí siento la necesidad de manifestar algo que ha viajado y viajará conmigo durante toda mi vida, y es el cariño que tuve y tengo a mi abuela: Mí abuela es “Ana la Sorda”, Ana González González; y si algo me incentiva a hacerlo es el artículo de Juan García. Gracias Juan por rescatar de los recuerdos “las hazañas de mi abuela”. Yo sabia que era grande, pero lo sabia desde que nací, pero lo que no conocía es que era grande anteriormente.

Todo empieza en el verano de 2001, cuando recibo una llamada telefónica desde Estepona, lugar de residencia de mis padres y de gran parte de mi familia. ¡Quique! ¿ Sabes que nombran a la abuela y al abuelo en un periódico?. En realidad lo que tenían era una fotocopia de mala calidad de La Medina. Como referencias, y por este orden, de izquierda a derecha: Febrero de 2000, La Medina, Pág 8, el articulo, y para finalizar el autor del mismo, Juan García Jiménez.

Motivado por mis padres Enrique Román y Carmen Tovar y por mi tío Rafael Tovar persona que es nombrada y figura en el texto como amigo de la infancia de Juan García, me pongo a investigar dependiendo de los datos que disponía.

En mis ratos libres me dediqué a indagar lo que realmente quería saber, quien hablaba bien de mis abuelos. Evidentemente, Juan García, era alguien que los conocía muy bien y los apreciaba mucho. Llegar a él sería como  disfrutar de la información que yo no tenía, que era conocer a mi abuela desde la perspectiva de una persona que no fuera familiar suyo, y que supiera de ella por haber vivido en aquellos tiempos en el Barrio de La Sueca de Tetuán. Menciono especialmente a mi abuela por que a mi abuelo lo perdí siendo yo muy niño y no tengo imágenes mentales que me lo hagan recordar.

En fin, cinco días antes de Navidad averiguo que la Medina es un boletín trimestral que tiene como origen una Asociación: “Asociación La Medina”, antiguos residentes en Marruecos y como slogan nostálgico: “Marruecos, aquel país que nos marcó, del que nunca saldremos, aunque nunca volvamos a él”. Y que verdad es. Me dio un vuelco el corazón, había encontrado una publicación
que hablaba de mis orígenes y que iba a ser el vehículo que me haría llegar a Juan García.

Llamo a La Medina, realmente emocionado e inquieto. No hay nadie en ese momento y dejo el recado en el contestador. Conduciendo recibo una llamada al móvil; al otro lado del teléfono, Francisco Trujillo; hablo con él comentándole mi inquietud; a continuación me facilita el teléfono de Juan García. Desde ese día soy socio de “La Medina”; Francisco Trujillo me informó perfectamente de
toda la ilusión que le mueve para estar al frente de La Medina hablándome de proyectos pasados y futuros basados en el recuerdo. Muchas gracias Sr. Trujillo; intento seguir las reglas del dicho “Es de bien nacido ser agradecido”.

Al recibir en mi buzón el boletín se me alegra el día y estoy deseando de llegar a casa para leerlo e informar a mis padres y tíos de las noticias e imágenes que en él aparecen.

Bien, seguidamente, inquieto, marco el número y espero muy emocionado la voz del otro lado. Me identifico y me contesta Juan con una frase que intuía mucho cariño: Esta llamada me la esperaba. Nos intercambiamos recuerdos y le comento que puedo facilitarle el teléfono de mi tío Rafael Tovar: amigo de Juan de la infancia. Gracias a La Medina estas dos personas, perdidas en el tiempo, han vuelto a oírse de nuevo. Mi tío, Rafael Tovar, que regentó el Restaurante Buenas Noches de Estepona, no se lo podía creer, menuda alegría.

Estepona año 1.961
Esa misma tarde Juan García y yo quedamos para conocernos y canjear recuerdos del pasado nostálgico. Quise que ese encuentro en un bar de su barrio quedara inmortalizado. Nos hicimos unas fotos. En definitiva estaba deseoso de conocer por sus palabras, y en directo la crónica benefactora de mí abuela (“Ana la Sorda”). Me hablo de ella magníficamente, ayudaba en todo momento a sus semejantes y sobre todo en el periodo de guerra que padeció nuestra España. Según me iba contando Juan, mi satisfacción era cada vez mayor. Pero el solo podía contar hasta una parte, hasta el momento en que les perdió la pista a mis abuelos y a mi familia; el resto se lo conté yo.


Casa de mi Abuela - Estepona - Calle Horno
Mi abuela no sabía leer ni escribir, pero ella suplió esta carencia con su sabiduría popular y su buen hacer para con los demás. Ana la sorda tuvo 8 hijos con sus correspondientes nietos, entre los que estoy yo. Siempre nos educó a los nietos con cariño y con sonrisas. En Marruecos era “Madre Coraje”, en España: “Abuela Coraje”. Intentaba siempre mantener unida a la familia. Cada uno de sus hijos estaba en una provincia distinta, unos en Madrid, otros en Granada, otros en Málaga y otros en Algeciras; para todos tenía en el año una visita, o dos. Siempre era bien recibida. Vivía en Estepona, en su casita de la calle Horno nº 6, su casa y la de todos. Casa que arregló con mucho cariño. Cuando ibas eras agasajado hasta el máximo, colmándote de mimos. Era una de esas personas que atraían por su bondad y por su buen humor, una persona positiva. Los nietos, sus nietos, éramos su vida.

Ana la Sorda, mi abuela, murió el 23 de Febrero de 1.982 en su casa de Estepona rodeada de sus hijos y nietos. Con lagrimas en los ojos, los nietos nos miramos, como diciendo ¿ Y ahora, qué? . ¿Qué hacemos sin ella?

El tiempo ha pasado y siempre que voy a Estepona, me paso por su casa, en la calle Horno, y lanzo un beso al balcón. ¡¡Por ti abuela!!.

Enrique ROMÁN TOVAR.

Nota: Sin La Medina y sin Juan García, yo no hubiera podido homenajear a
mi abuela con este artículo.